Putumayo dialoga en silencio : el 7mo ciclo con la EMFB FARC-EP y la urgencia de mirar frente a la realidad

Por: *JAAM

En Putumayo siempre nos dicen que “aquí no pasa nada”, cuando en realidad está pasando . Mientras el país y el departamento mira a la CNEB con los “Comandos de Frontera CDF” que operan precisamente en la frontera y concentran buena parte del territorio y del debate público con avances similares, en silencio, con menos reflectores y casi sin discusión territorial, avanza otra mesa igual de relevante: la que el Gobierno desarrolla con el Estado Mayor de Bloques EMBF FARC-EP, que comanda Alexander Díaz Mendoza, alias “Calarcá Córdoba”.

El ́ , realizado en la inspección de Campohermoso, en San Vicente del Caguán, no es una reunión más. Es un hito político, territorial y humanitario , “ ́ ” ́ ́ ́ .

Y lo paradójico es que, mientras aquí convivimos con los efectos, en la conversación pública del departamento poco o nada se habla de este proceso. ́ . A continuación, se exponen los acuerdos y algunos análisis respecto del impacto en Putumayo.

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El compromiso de la EMFB FARC-EP de ̃ es un punto de quiebre. En un departamento donde la deserción escolar, la pobreza y la falta de oportunidades empujan a muchos jóvenes a los grupos armados, este acuerdo no es retórico: puede salvar vidas, compromiso similar que se sostiene con los CDF.

Pero seamos claros: el acuerdo exige también que el Gobierno aumente la protección integral. Si no llegan programas reales al Putumayo, la medida quedará en el papel.

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El acuerdo sobre ́ abre una ventana crucial. Las zonas de reserva campesina ZRC, y su reconocimiento de derechos comunitarios y conservación ambiental son elementos que conectan directamente con las luchas históricas del sur del país.

Para Putumayo, donde la frontera agrícola avanza sin control y la informalidad en la tenencia de la tierra genera conflictos permanentes, este punto es una oportunidad para ordenar, proteger y proyectar con la ZRC de la Perla Amazónica.

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Hablar de ́ , ́ ́ es meterse en la esencia del Putumayo. Aquí no basta con mencionar “ambientalismo”; se trata de garantizar que la selva sea activa económicamente sin destruirse y que las familias tengan alternativas reales. Sin sustitución concertada ni ingresos estables, nada cambia.

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El acuerdo para garantizar el libre ejercicio político en 2026 no es menor. En Putumayo sabemos lo que significa hacer campaña con grupos armados presionando candidatos, territorios y comunidades. Si este punto se aterriza, es un avance decisivo para evitar que la democracia vuelva a caminar con miedo, “ ́ ”.

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La reactivación para censar personas privadas de la libertad por razones del conflicto toca un vacío profundo. En Putumayo hay familias que llevan años sin respuestas. Este paso puede aliviar dolores, corregir injusticias y evitar nuevos ciclos de violencia al interior de las cárceles.

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La mesa reconoce la necesidad de fortalecer la del proceso y garantizar la participación comunitaria. Bien. Pero aquí viene el reto:

¿ ́ ?La comunicación ha sido mínima, y sin transparencia no hay confianza.

El proceso no puede seguir siendo técnico en Bogotá y silencioso en los territorios.

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Este ciclo no es abstracto, no es un documento, no es un anuncio diplomático.

Tiene efectos directos en:

• Las comunidades rurales que conviven con la presencia armada.

• Los jóvenes que pueden ser reclutados.

• Las economías campesinas presionadas por varios actores.

• La seguridad en corredores estratégicos.

• Los municipios donde opera activamente el frente «Raúl Reyes».

Mientras Putumayo se enfoca únicamente en la negociación con los CNEB CDF, esta otra mesa está definiendo las reglas del juego sobre ordenamiento, tierra, coca y seguridad… y aquí si bien hay puntos de encuentro en las dos mesas, casi no lo discutimos.

Ese vacío público deja el proceso en manos solo de élites, de delegados externos y de quienes saben moverse en la dinámica nacional. El territorio se queda por fuera de decisiones que le afectan directamente.

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Este séptimo ciclo manda un mensaje potente: , pero también deja claro que la transformación territorial no va a llegar si Putumayo no exige estar en la primera línea del debate.

No podemos seguir siendo espectadores de nuestra propia realidad.

. ¿ ́ ? ́

. ́ que aprobó la mesa. Putumayo debe ser prioridad.

. ́ ,para que las comunidades entiendan qué se negocia y cómo afecta su vida diaria.

. ́ ́ , donde la sociedad civil, los jóvenes, las víctimas y los campesinos estén en la discusión, no como invitados decorativos, sino como actores reales.

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El séptimo ciclo con la EMFB FARC-EP no es un hecho aislado: es una hoja de ruta que va a moldear buena parte del Putumayo rural. O nos metemos ya, como actores territoriales, o otros hablarán por nosotros.

Si algo nos enseña este ciclo como otros más, es que la paz no se negocia solo en Bogotá ni solo con una organización armada. , ́ .

Silencio no puede ser estrategia, participación sí …..y es ahora.

*Consejero de Paz Departamental – Afiliado al CNP Putumayo.

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