
Por: *JAAM
La caída de la terna para elegir rector o rectora de la no es simplemente un revés administrativo. Es un síntoma claro y ya imposible de ocultar de un sistema institucional que ha funcionado en piloto automático durante demasiado tiempo. , quien además no cumplía con los requisitos de edad para aspirar al cargo, dejó en evidencia algo que ya muchos advertían: el proceso iba en curso de una inhabilidad y, de haberse ignorado, habría conducido a un desgaste jurídico y político aún mayor.
La consecuencia fue inevitable: . Un hecho grave, pero al mismo tiempo una oportunidad seria para reencauzar la elección en términos de legalidad, transparencia y confianza pública. Para el 24 de noviembre de 2025 estaban previstas las elecciones y el 9 de diciembre debía conocerse la persona elegida. . Y, aunque el retraso molesta, también abre la puerta a corregir lo que se venía haciendo mecánicamente y sin la rigurosidad que exige una universidad pública.
Este episodio también confirma algo que la comunidad académica lleva años diciendo: ́ ́ , ́ . Y cuando las universidades se tratan como botines, lo académico pierde, los estudiantes pierden y la región pierde. Putumayo no puede darse ese lujo. No ahora, no cuando el territorio reclama universidades que ofrezcan futuro, no cuando la juventud está atrapada entre la deserción, la falta de oferta educativa y los riesgos crecientes de los grupos armados.
Sin embargo, este tropiezo permite poner el foco donde debe estar: en reconstruir confianza. La UNIPUTUMAYO tiene ahora una tarea urgente y estratégica: , . Los procesos universitarios no pueden continuar entre rumores, opacidades o decisiones apresuradas, o peor encubiertos en la mal llamada «autonomía universitaria».
Es el momento de enviar un mensaje robusto a la ciudadanía:
La universidad pública del Putumayo está abierta, escuchando y dispuesta a hacer las cosas bien.
Por eso es clave invitar sin miedo, sin cálculo político y sin exclusiones a , ́ ́ , la experiencia y la visión territorial. Putumayo tiene talento suficiente para construir una terna sólida, ética y con verdadera vocación educativa. Lo que se necesita es un proceso confiable que no repita errores, que no maquille debilidades y que responda al mandato social que se le ha entregado.
La ciudadanía y eso incluye / de la institución también tiene un rol decisivo. No basta con criticar: hay que vigilar, preguntar, exigir y acompañar. , ́ ́ , . Pertenece al departamento, a los jóvenes que sueñan con estudiar, a las familias que buscan oportunidades para sus hijos, al territorio que necesita ciencia, tecnología y pensamiento crítico para salir del rezago.
La caída de esta terna debe convertirse en un punto de inflexión. No en un escándalo pasajero, sino en una lección institucional. Los errores se corrigen, pero sólo si hay voluntad real de hacerlo.
Hoy la UNIPUTUMAYO tiene la posibilidad de relanzar un proceso ejemplar: abierto, técnico, respetuoso de la norma y comprometido con la excelencia. Un proceso donde se privilegie el rigor sobre la conveniencia y la transparencia sobre los acuerdos de pasillo. Un proceso donde la universidad actúe como lo que debe ser: , ́ / , .
El Putumayo está mirando. La comunidad académica también. Y los jóvenes que son quienes más sufren cuando la institucionalidad falla necesitan señales claras de que la educación superior pública del departamento será liderada por alguien que represente el mérito, la visión y la integridad.
La terna se cayó, pero aún se puede levantar una mejor….2026 será la prueba y esta vez, no se puede fallar.
́
Y queda una pregunta en el aire, incómoda pero inevitable: ¿ ́ ́ ?
¿ ́ ? ¿ ́ ?
Porque una inhabilidad tan evidente no se esconde sola. , . Y en cualquiera de los dos escenarios, la confianza pública queda profundamente tocada. La transparencia no se proclama en discursos: se demuestra con rigor. Esta vez, el Comité quedó debiendo… y la comunidad lo está viendo.
*Egresado UNIPUTUMAYO (antes ITP)