Por : Alexander Africano
Hace más de dos décadas, el maestro Óscar Humberto Gómez Gómez cantó una verdad que Colombia todavía no ha querido entender. nació como una voz rural, como el reclamo del hombre del campo cansado y enojado (arrecho) de que todos le preguntaran por el color de su bandera, por su partido, por la guerrilla, por los paramilitares, por la tropa, por la izquierda o por la derecha.

En el fondo, esa canción no era una simple pieza popular. Era una denuncia profunda contra un país que convirtió al campesino en sospechoso permanente. En muchas veredas, no bastaba con ser trabajador, pobre y honrado; había que demostrarle a cada actor armado, político o institucional que uno no era enemigo. El campesino terminó atrapado entre preguntas que no buscaban conocerlo, sino clasificarlo.
Pero hoy, casi 25 años después, esa realidad dejó de ser exclusivamente rural. La preguntadera se bajó del campo a la ciudad. Ya no solo interrogan al campesino en el camino veredal; ahora interrogan al ciudadano en el barrio, en la empresa, en la universidad, en la familia, en los grupos de WhatsApp, en Facebook y en cualquier conversación pública.
Antes preguntaban si uno era liberal o conservador, guerrillero o paraco, de izquierda o de derecha. , , , , , , . Cambiaron los nombres, cambiaron las campañas, cambiaron los discursos, pero no cambió la mala costumbre nacional de obligar a la gente a escoger una orilla para después juzgarla desde la otra.
Ese es el país que no aprende. Un país donde muchos no quieren debatir ideas, sino marcar enemigos. ́ ́ . ̃ , ̃ . Donde el voto ya no siempre se respeta como una decisión democrática, sino que se usa como arma para dividir familias, amistades, comunidades y territorios.
La canción se centraba en el campesino porque él fue, durante años, el rostro más golpeado de esa presión. Pero hoy nadie escapa. El comerciante, el profesor, el estudiante, el líder social, el empleado público, el indígena, el joven de barrio, el periodista, el defensor de derechos humanos, los veteranos y hasta quien guarda silencio termina siendo clasificado por otros.
La guerra de etiquetas salió del monte y entró a la vida cotidiana. Ya no siempre llega con fusil, pero llega con insultos, amenazas, burlas, linchamientos digitales, campañas de desprestigio y fanatismos disfrazados de opinión. La violencia cambió de escenario, pero conserva la misma raíz: negar el derecho del otro a pensar diferente.
Y mientras tanto, los problemas reales siguen esperando. Las vías terciarias siguen destruidas. El campo sigue sin garantías. Los jóvenes siguen sin oportunidades. Las comunidades siguen esperando seguridad, salud, educación, comercialización, sustitución real, protección para sus líderes y presencia estatal permanente. ̃ , , .
Por eso El campesino embejucao sigue vigente. Porque no habla solamente del campesino; habla de una Colombia cansada de ser interrogada, etiquetada y utilizada. Habla del ciudadano común que no quiere ser propiedad de ningún partido, de ningún caudillo, de ningún grupo armado ni de ningún odio electoral.
En esta polarización entre cepedistas y abelardistas, Colombia debería hacer una pausa y escuchar esa vieja canción con oídos nuevos. Ni Cepeda ni Abelardo pueden ser excusa para romper el país en dos. La democracia no puede convertirse en una pelea de barras bravas. Votar distinto no puede ser motivo para odiar. Pensar diferente no puede ser causal de señalamiento.
́ ́ : “ ”. ́ . ́ , , ́ . Significa que el país necesita menos fanatismo y más respeto; menos etiquetas y más soluciones; menos gritos y más escucha.
Colombia no necesita más odios reciclados. Necesita autoridad con derechos, paz con seguridad, inversión social con resultados y política con decencia. Necesita entender que el contradictor no es un enemigo, que el voto no borra la humanidad de nadie y que la diferencia no puede seguir siendo tratada como amenaza.
Al final, el reclamo sigue siendo el mismo: dejen vivir en paz. Dejen trabajar, opinar, votar, disentir y construir sin convertir a cada persona en sospechosa de algo. ́ ̃ , : ́ .
*Consejero de Paz Putumayo