
*Por: Alexander Africano
El ultimátum presidencial a Geovany Andrés Rojas, alias “ ̃ ”, no es un simple mensaje en redes ni una reacción coyuntural. Es una ́ ́ que vuelve a poner a Putumayo en el centro del tablero nacional, esta vez como escenario de prueba entre la paz negociada y la presión internacional.
Diez días para demostrar la ́ ‧ ́ no es un plazo técnico; es un ́ . El Gobierno le habla a los grupos armados, pero también a Washington, a la opinión pública y a una frontera cada vez más tensionada. El problema es que, como casi siempre, , .
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Los diálogos con la Coordinadora atraviesan un punto crítico. El ultimátum rompe la lógica de confianza gradual y la reemplaza por una lógica de ́ , más cercana al control que a la negociación.
Esto puede servir para ordenar el proceso, sí, pero también puede , especialmente si no se distinguen responsabilidades entre estructuras armadas y comunidades campesinas.
La erradicación no es solo arrancar matas. Es alterar economías, dinámicas familiares y equilibrios frágiles. Exigir resultados sin ́ es empujar a Putumayo a un nuevo ciclo de incertidumbre.
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Putumayo no se opone a la transformación territorial; la exige desde hace décadas. Lo que rechaza es ser tratado como un tablero de ajedrez donde otros mueven las fichas.
Un ultimátum sin una hoja de ruta integral puede traducirse en:
*Mayor presión sobre campesinos que no firmaron ningún acuerdo.
*Riesgo de retaliaciones armadas.
*Aumento del desplazamiento y la desconfianza institucional.
Aquí la pregunta no es si erradicar, sino ́ , ́ ́.
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Este anuncio ocurre en plena crisis fronteriza con Ecuador. Más presión antidrogas en Putumayo implica más tensión fluvial, más militarización y mayor riesgo de incidentes binacionales.
Sin coordinación real entre Estados, la erradicación termina y profundizando la desconfianza en una frontera ya herida.
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No hay que ser ingenuos: este mensaje también viaja a Estados Unidos, en la antesala de un eventual diálogo con Donald Trump. El Gobierno necesita mostrar firmeza, resultados y control.
Pero la historia ya nos enseñó que nunca ha sido sostenible.
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, necesita decisiones inteligentes:
́ , con verificación independiente y protección a la población civil.
, no discursos reciclados.
́ , especialmente en ríos y pasos fronterizos.
, con perspectiva de género: las mujeres campesinas son las primeras en perder ingresos y las últimas en recibir apoyo.
, no solo fusiles ni comunicados.
La paz no se mide en hectáreas erradicadas en diez días.
Se mide en . Putumayo no es el problema. Putumayo puede ser la solución… si se le habla con respeto y se le gobierna con coherencia.
*Consejero de Paz – Defensor de DDHH Putumayo