
Por: *Alexander Africano
La noticia cayó como un baldado de agua helada en la Amazonía: en medio de una operación que desmanteló una de las redes de tráfico ilegal de madera más grandes del sur del país. Duele, porque acá no estamos hablando solo de corrupción; estamos hablando de traición al mandato ambiental y a la región que confió en ellos.
La banda “ ” ̃ , , ́ , mientras las autoridades perseguían sombras. Ese material terminaba en Bogotá, Cali, Pasto y Boyacá, generando rentas ilícitas que, según el propio Ministerio de Ambiente, crecían a punta de transacciones irregulares. Todo un modelo de negocio montado sobre la destrucción del bosque.
El golpe más duro es que, , ‧ , ́ ́ , mediante decisiones contrarias a la ley y abusando de sus funciones. Este episodio no solo erosiona la imagen de la entidad; dinamita la credibilidad de toda la institucionalidad ambiental en la región.
Lo más grave es el impacto directo: zonas de altísima protección como los Parques Nacionales Yaguas y Amacayacu, además de áreas protegidas en Tarapacá, quedaron vulneradas por esta red. No es solo madera; es biodiversidad, agua, cultura, futuro.
La ministra encargada, Irene Vélez, destacó el trabajo articulado para frenar la deforestación, la minería ilegal y el tráfico de especies. Y sí, este operativo demuestra músculo institucional. Pero también deja una alerta roja: , el daño es profundo y la reparación es lenta.
́ ́ . Este es el momento para reestructurar, auditar y exigir estándares de integridad mucho más altos. La región necesita instituciones blindadas, no cómplices. Porque cuando cae un árbol, caen todos. Y cuando caen tres funcionarios, lo que tambalea es la confianza que sostiene la protección de nuestro pulmón vital.
Consejero de Paz Putumayo – Afiliado al CNP