
Por: *Alexander Africano
Recuerdo con entusiasmo el año , cuando fui testigo de las primeras elecciones de los ( )en el Putumayo. Aquel proceso, que acompañé desde los comités de seguimiento electoral, fue un momento histórico: miles de jóvenes salieron a las calles, muchos por primera vez, para expresar con su voto que creían en una nueva forma de hacer política, una que nacía desde sus propias voces y territorios.
Había esperanza. Había energía. Había sueños de transformación. Se hablaba de participación, de incidencia, de un nuevo capítulo para la juventud en la vida pública.
Sin embargo, cuatro años después, los resultados de las elecciones de este 2025 nos devuelven una dura realidad: , % ́ (12.527 de 88.336 potenciales votantes). La cifra, aunque ligeramente mejor que en 2021, refleja un profundo .
A nivel nacional, las recientes elecciones de los Consejos de Juventud representaron también un ́ . Se estima que este proceso pudo haberle costado al país cerca de , una cifra similar a la que costará la ́ programada para el próximo 26 de octubre. Es inevitable preguntarse si esta inversión realmente genera impacto en la participación y el bienestar juvenil. Con ese mismo dinero se podrían construir ‧ ́ , valoradas en 200 millones de pesos cada una, casi el mismo número de . Un contraste doloroso que nos invita a repensar las prioridades y la eficiencia del gasto público.
Pero más allá de las cifras, en los últimos días ha tomado fuerza un argumento inquietante: el de que ́ ́ “ ” , lo cual sugiere la existencia de maquinarias políticas operando incluso dentro de un espacio que se pensó libre de esos viejos vicios. Si esto se confirma, no solo se distorsiona la esencia de los Consejos de Juventud, sino que se despoja a los jóvenes de la posibilidad de ejercer una participación auténtica y autónoma.
Y es que, tristemente, ́ , . Se les enseña a hacer parte de un proceso, pero no a comprender el valor del voto libre, ni la importancia de actuar sin “padrinos” ni compromisos políticos. En lugar de fomentar el pensamiento crítico y el liderazgo social, se termina replicando un modelo de dependencia y clientelismo que contradice el espíritu mismo de los Consejos de Juventud.
Por otro lado, ́ , y no necesariamente por falta de trabajo, sino porque , relegados al olvido o usados simbólicamente en fechas conmemorativas. ¿Qué pasó con esos jóvenes que alguna vez creyeron en el cambio? ¿Qué acompañamiento recibieron? ¿Dónde están los informes, los resultados, los aprendizajes? Nadie lo sabe con certeza y son preguntas que el país debería hacerse con seriedad.
No obstante, este nuevo proceso electoral debe ser visto también como . Por ello, quiero ́ en esta nueva jornada democrática , ́ , ́ por su decisión de participar y representar a sus generaciones en un espacio que, aunque debilitado, sigue siendo valioso para la construcción de ciudadanía. Su compromiso será clave para que los Consejos de Juventud recuperen la confianza y la legitimidad que Putumayo y el país necesita.
Como , y como ciudadano que ha acompañado desde cerca estos procesos, creo que ha llegado el momento de ́ en el Putumayo. No podemos permitir que este esfuerzo colectivo se apague en medio del olvido o la frustración.
Por eso, propongo la creación de una ́ , con la participación de la ́ , , ́ , ́ y las ́ . Esta mesa debería reunirse mensualmente para , ́ ́ en cada municipio.
El objetivo no es solo hacer seguimiento, ́ , abrir canales de diálogo efectivos y garantizar que los Consejos de Juventud no sigan siendo una figura simbólica, sino una instancia viva, con poder de propuesta e incidencia.
Las juventudes del Putumayo siguen ahí: activas, críticas, resilientes. Pero necesitan ser escuchadas, acompañadas y respaldadas. No podemos seguir permitiendo que el entusiasmo de una generación se apague por la indiferencia institucional.
Los Consejos de Juventud fueron una promesa. Hoy deben convertirse en una realidad. Y para ello, se requiere decisión, coherencia y una nueva actitud de parte del Estado.
, ́ ́ .
*Consejero de Paz de Putumayo – Afiliado al CNP