
Por Carlos Mauro Rosero
El populismo es a la política lo que el azúcar a la dieta: un sustituto adictivo que parece dulce pero corroe las bases de lo sustancial — Adaptado de .
En muchas regiones del país, los debates públicos están ́ ́ , prácticas que no solo distorsionan la realidad sino que para el desarrollo. El fenómeno más recurrente es : una retórica que, bajo la máscara de defender al pueblo —especialmente a los más vulnerables—, termina siendo ́ , alimentada por discursos emocionales y propuestas sin sustento.
El populismo , sino ́ donde prima ́ . ́ , el eslogan suplanta al debate, y así ́ ́ , alejándonos de soluciones reales.
En este escenario surge la ́ : una variante oportunista que usa . Bajo esta lógica, ́ —no para generar impacto, sino para cosechar votos—, deslegitimando esfuerzos genuinos en conservación y lucha contra el cambio climático.
: en pasadas campañas para la Gobernación, el ambiente fue de varios candidatos, pero muchos ́ . Este ́ , sino que .
Peor aún: estos actores ́ ́ para erigirse como «dueños de la verdad». ́ —como juntas comunales o gremios— y , erosionando la confianza ciudadana y ́ ́ .
: ́ .
Aquí, el patrón se repite: candidatos y candidatas convierten la oposición a proyectos de desarrollo en su ́ , mientras como:
– ́ .
– ́ .
– .
– .
¿ ́ ́ ? El silencio revela una ́ y prioridades invertidas.
: ́ (de mentiras).
Con el , es inevitable que el discurso ambiental sea . ́ :
1. ́ ́ para discernir entre demagogia y acciones reales.
2. ́ , no con influencers políticos.
3. ́ para fiscalizar a quienes hablan en nombre del planeta.
́ , basada en , ́ y ́ —no en intereses electorales. Como sociedad, debemos ̃ : el planeta no necesita héroes de discurso, sino .