
Por: Alexander Africano*
Sandra Milena Alegría, quien nació y vivió en Mocoa antes de radicarse en Bogotá, representa el rostro de una violencia que no respeta fronteras ni esperanzas de futuro. Su vida se truncó de forma brutal a manos de ́ ́ ́ , un feminicida que ahora enfrenta una condena de 50 años de prisión, pero cuya captura sigue pendiente. Este caso deja al descubierto, una vez más, la profunda brecha que existe entre la normativa legal y la realidad que viven tantas mujeres en Colombia.
El asesinato de Sandra fue planeado y ejecutado con crueldad, evidenciando la urgencia de proteger a las mujeres en riesgo de violencia. Aunque el Tribunal Superior de Bogotá dictaminó la sentencia de 50 años contra ́ ́ , el feminicida aún permanece prófugo. Con el paso del tiempo, la impunidad se convierte en una segunda agresión hacia la memoria de Sandra y hacia las mujeres que hoy, desde Mocoa hasta la capital en búsqueda de mejores oportunidades y que viven con temor de convertirse en una estadística más.
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Cuando el aparato judicial tarda en capturar y sancionar a los responsables de crímenes tan atroces, envía el mensaje de que la violencia contra la mujer es tolerable. La demora en la localización de ́ ́ refleja la desprotección de las víctimas y sus familias, quienes ven cómo los agresores continúan libres. No es suficiente con imponer una pena: la sociedad y las autoridades deben velar por su cumplimiento.
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́ , ́ ́ ́ ́ . .º $ . . ́ . , ́ ́ . Estos datos no son un simple formalismo, sino un llamado directo a la ciudadanía para que colabore y evite que la impunidad siga cobrando víctimas
El feminicidio de Sandra Milena Alegría no puede quedar en el olvido ni en la indiferencia. Su historia, que inició en Mocoa y encontró un trágico desenlace en Bogotá, nos recuerda la responsabilidad colectiva de exigir y garantizar justicia. Que la búsqueda de ́ ́ ́ sea un ejemplo de la determinación social para que ningún agresor, por poderoso o escurridizo que sea, logre evadir las consecuencias de sus actos. La justicia demorada no solo es injusticia para la víctima, sino una amenaza para todas las mujeres que anhelan vivir libres de violencia.
*Consejero de Paz Departamental – Egresado ITP.