
Por: *Alexander Africano
No sorprende que en redes sociales muchas personas terminen señalando al alcalde cuando hablan de hurtos, desorden o sensación de inseguridad en Mocoa. Y no se trata solo de rabia ciudadana ni de una reacción pasajera. Políticamente, la gente tiene razones para hacerlo.
: ́ y, por tanto, el principal responsable de liderar la respuesta institucional frente al deterioro del orden público. ́ , . ́ , coordinar, priorizar recursos, exigir resultados, sostener la prevención y garantizar que la ciudad no se le desordene en las manos.
Y es que el propio Estado local le da al alcalde ese lugar. 2024–2027 ́ 315 ́ ́ , y que la Ley 62 de 1993 obliga a formular el PISCC como hoja de ruta para priorizar acciones, optimizar recursos, coordinar actores y mejorar el seguimiento y la evaluación de la seguridad ciudadana. ́ , , , ́ ́ .
Ese punto no es una opinión improvisada. La misma arquitectura institucional de la seguridad local ubica al alcalde en ese lugar. Los planes, las normas y la lógica del gobierno territorial lo convierten en el jefe político de la seguridad en el municipio. , ́ , ́ ́ .
́ . ́ . , , , , , . La gente mide la seguridad cuando ve si hay iluminación o no, si hay control o no, si el espacio público está ordenado o no, si las cámaras funcionan o no, si la autoridad se siente presente o si lo que se respira es abandono.
Ahí está la clave del reclamo ciudadano. El problema no es únicamente el delito. El problema es la sensación de que, poco a poco, se fueron debilitando herramientas básicas de prevención y control. ́ ́ ́ . ́ , ́ : , ́ , ́ . Cuando las cámaras no funcionan, el mensaje que recibe la ciudadanía es grave: la ciudad está mirando menos y protegiendo peor.
́ ́ . ́ . ́ , ́ . No necesita leer informes ni revisar estadísticas complejas; le basta con ver una ciudad desordenada, zonas oscuras, controles insuficientes, espacio público degradado y tecnología que no responde.
Además, y segunda, la exigencia es aún mayor cuando el propio discurso oficial promete una ciudad más bonita y más segura. Porque los eslóganes no son adornos inocentes: crean expectativas. “ ”, ́ . ́ , ́ , ́ ́ . , ́ .
Ahora bien, también hay que decirlo con equilibrio: ́ . ́ , ́ , , , , . Pero reconocer eso no lo exonera. Lo ubica donde corresponde: no como único responsable, pero sí como el principal responsable político de que la ciudad tenga una estrategia, unas herramientas y una capacidad real de respuesta.
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Porque, al final, una ciudad no se desordena sola. Y cuando se deja caer algo tan básico como el circuito cerrado de televisión, lo que se apaga no son solo unas cámaras: se apaga también una parte de la confianza ciudadana.
*Consejero de Paz – Defensor de DDHH