
*Por: Alexander Africano
Las cifras de víctimas en Putumayo no son un dato más. Son la prueba de una herida histórica que todavía sigue abierta.
Según los reportes conocidos de la Red Nacional de Información, ́ ́ , ́ ́ , ́ ́ ́ ́ . Eso no describe un conflicto superado. Describe un territorio profundamente golpeado por la violencia.
Pero hay algo más que debe decirse con claridad. En Putumayo, la victimización no ha sido neutral. ́ ́ . ́ , , , , ́ , . Cuando un territorio victimiza más a sus mujeres, no solo fracasa la seguridad: fracasa también la dignidad pública.
Detrás de esas cifras hay una realidad que duele: las mujeres son mayoría entre las víctimas ubicadas en Putumayo, y ́ ́ ́ . Es decir, la guerra ha golpeado con especial dureza a quienes históricamente también han tenido que resistir el abandono, la exclusión y la indiferencia estatal.
Pero lo más inquietante es que esto no puede leerse solo en pasado. , ́ . ́ . Eso significa que la afectación no es solo memoria; también tiene expresiones recientes.
Putumayo no puede seguir acostumbrándose a contar víctimas como si fueran paisaje. La paz no se demuestra con discursos. Se demuestra con prevención, protección, reparación real y garantías de no repetición.
Porque este departamento no necesita compasión institucional de momento. Necesita respuestas serias, decisiones firmes y un Estado capaz de estar a la altura del dolor de su gente.
*Consejero de Paz y Defensor de DDHH