Frontera en tensión : cuando navegar en el Putumayo se convierte en un riesgo para los colombiano

Por: *Alexander Africano

Ayer 25 de enero de 2026, a las 2:10 de la tarde, el río Putumayo dejó de ser camino y sustento para convertirse en escenario de miedo. Un bote de carga que navegaba en , entre Puerto Asís y el corregimiento de Puerto Ospina, , conocidas en la región como “pirañas”. A bordo iba , comerciante Colombiano reconocido de Puerto Ospina, acompañado de su esposa y su hijo menor de edad. No llevaban armas. Llevaban víveres, bebidas, productos de consumo. Llevaban trabajo. Llevaban vida.

Lo que ocurrió después no puede normalizarse. Según versiones de la comunidad, , los obligaron a desviarse hacia territorio ecuatoriano. Allí subieron a la embarcación, la requisaron y aislaron a sus ocupantes. Cuando la comunidad intentó acercarse para entender qué estaba pasando, . Disparos de advertencia, dirán algunos. Disparos de intimidación, en la práctica. Disparos que silencian testigos.

A las 5:30 de la tarde, la angustia se tornó colectiva. Nadie sabe con certeza el paradero del comerciante, su esposa ni su hijo. Se sabe que se encuentran bajo custodia en el cantón de , en Ecuador, pero ́ , ni de las autoridades ecuatorianas ni de sus cuerpos policiales. Silencio absoluto. El peor de los mensajes cuando hay civiles involucrados.

Del lado colombiano, la situación es aún más preocupante. En la zona existe una ́ , que intentó verificar lo sucedido. No obtuvo información. Nada. Lo ocurrido deja una pregunta incómoda pero necesaria: ¿ ́ ́ ? Porque para la comunidad, la respuesta es clara: , ́ , .

Y este no sería un hecho aislado. La comunidad de Puerto Ospina habla de episodios reiterados, de transportadores colombianos sometidos a , , de miedo constante al navegar un río que es arteria económica, social y cultural del Putumayo. Lo más grave no es solo la acción, sino , la falta de explicaciones, el silencio institucional.

Aquí no se trata de alimentar tensiones entre países hermanos. Se trata de algo más básico y más urgente: ́ , , muchos de ellos campesinos, comerciantes, familias enteras que dependen del río para sobrevivir. Se trata también de soberanía, porque cuando un civil es obligado a desviarse bajo amenaza armada desde aguas colombianas, algo muy serio está fallando.

El llamado es directo y sin rodeos: , ́ , ́ , no miren para otro lado. Actúen. Exijan explicaciones. Activen los canales diplomáticos y de derechos humanos. Establezcan protocolos claros y verificables. El río Putumayo no puede seguir siendo una tierra de nadie donde el más fuerte impone su ley y el civil queda a merced del miedo.

La frontera no puede ser una excusa para la arbitrariedad. El río Putumayo no puede ser una trampa para los Colombianos. Y las familias del Putumayo no pueden seguir navegando con el corazón en la mano, preguntándose si llegarán a casa.

Porque cuando el Estado no protege, el miedo ocupa su lugar. Y eso, en cualquier país, es una derrota.

*Consejero de Paz – Defensor de DDHH

Deja un comentario