
Por: *Alexander Africano
Hoy la Institución Universitaria de Putumayo (UNIPUTUMAYO) vive un momento decisivo. La elección de su rector para el periodo 2025–2029 marcará el rumbo de la primera universidad propia del departamento, una institución que hoy supera los 7.000 egresados, pero que carece de una política seria de seguimiento: no sabe dónde están, qué hacen, ni cómo aportan al desarrollo regional.
Más allá de un trámite administrativo, esta elección definirá si la UNIPUTUMAYO se consolida como motor de transformación o si termina atrapado en las mismas prácticas clientelistas que han deteriorado la confianza en las instituciones del Putumayo.
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Tres nombres, tres trayectorias y muchas preguntas:
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Docente de planta, actualmente coordinadora de Autoevaluación. Esposa del almacenista de la UNIPUTUMAYO, fue representante de los docentes en el Consejo Académico. Se le señala de ser cuota de la administración saliente, lo que genera dudas sobre la continuidad de un modelo de gestión ya cuestionado.
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Exdocente jubilado del antiguo Instituto Tecnológico del Putumayo, radicado en Ibagué desde hace varios años. Ha aspirado antes a la rectoría. Su inscripción despierta suspicacias, pues se desconoce su vínculo real con el proyecto actual de la universidad y su capacidad de responder a las demandas locales.
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Actual vicerrectora académica, con cerca de siete años en el cargo. Aunque cuenta con experiencia en la administración universitaria, enfrenta cuestionamientos sobre presuntos procesos fiscales pendientes y sobre su permanencia como docente de planta. Es vista como la carta más fuerte de sectores políticos con interés directo de la UNIPUTUMAYO.
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El futuro de la UNIPUTUMAYO está amenazado por varios factores:
́ : la rectoría podría convertirse en botín de poder, respondiendo a intereses de unos pocos y no al bien común.
: mantener las mismas prácticas de la administración saliente pondría en riesgo la legitimidad de la institución.
Falta de transparencia: si los criterios de selección no son claros y públicos, la comunidad educativa perderá confianza en el proceso.
́ : más de 7.000 egresados siguen sin ser reconocidos ni integrados en la construcción de futuro. Esa ausencia de vínculo convierte a la universidad en una burbuja y no en un actor real de desarrollo.
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La rectoría de la UNIPUTUMAYO no puede limitarse a administrar recursos ni a leer rendiciones de cuentas mediocres. Necesitamos un liderazgo académico y social con visión estratégica.
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Garantizar transparencia y meritocracia, evitando cuotas políticas y acuerdos oscuros.
Reconstruir la confianza con docentes, estudiantes y egresados.
Implementar un sistema de seguimiento a egresados, que permita conocer y articular sus aportes al desarrollo regional.
Consolidar la calidad académica, con programas pertinentes para las necesidades del Putumayo.
Convertir a la UNIPUTUMAYO en motor de transformación social, con presencia activa en las comunidades y en los grandes debates del territorio.
La UNIPUTUMAYO es más que un cargo. Es el sueño de un Putumayo que por décadas reclamó su propia universidad. Hoy ese sueño está en riesgo de convertirse en una frustración más, si no se exige transparencia y compromiso real con la educación superior.
Los egresados, estudiantes y la sociedad putumayense tenemos la responsabilidad de vigilar este proceso y de levantar la voz. El futuro de la UNIPUTUMAYO no puede hipotecarse a intereses particulares. Debe representar la esperanza de todo un departamento.
Porque al final, la pregunta clave es: ¿queremos una UNIPUTUMAYO atrapado en la politiquería o una UNIPUTUMAYO capaz de liderar el futuro del Putumayo?
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A un día del cierre de la convocatoria para la rectoría de la UNIPUTUMAYO, sorprende que sean tan pocos los aspirantes inscritos. La pregunta es inevitable: ¿por qué?
¿Será que el proceso ya está “cuadrado” y eso desanima a otros candidatos? ¿Será que las condiciones de la convocatoria son restrictivas y favorecen a unos pocos? ¿O será que, por miedo o apatía, muchos docentes y profesionales con trayectoria prefieren no presentarse?
Cualquiera de estas posibilidades abre una alerta. La UNIPUTUMAYO no puede darse el lujo de una elección percibida como cerrada o predeterminada. La universidad más importante del Putumayo necesita un proceso abierto, plural y transparente, que convoque a los mejores perfiles y no a unos pocos con padrinos políticos.
Hoy más que nunca se exige que la comunidad educativa, los egresados y la sociedad civil vigilen con lupa este proceso. Si el número de aspirantes es reducido, el riesgo de que la rectoría termine capturada por intereses particulares crece.
La UNIPUTUMAYO merece más voces, más propuestas y más liderazgo. No podemos resignarnos a que la rectoría se convierta en un juego de pocos, cuando lo que está en juego es el futuro académico y social del Putumayo.
*Egresado UNIPUTUMAYO